Trabajos en altura en instalaciones eléctricas
Nadie se cae por no saber ponerse un arnés. Se cae por subir antes de que el trabajo estuviera autorizado, o por anclarse a lo que había a mano. Tres módulos sobre lo que pasa antes de subir.
Lo que hay que tener resuelto antes de subir
Antes de subir: el permiso de trabajo
Un permiso no es un papel: es una conversación cerrada
El permiso de trabajo existe para que dos personas que no se ven —quien opera la red y quien va a subir— sepan exactamente lo mismo: qué se toca, cuándo, y quién lo ha autorizado.
Si el permiso no está firmado, no hay trabajo. No hay un caso pequeño, ni una comprobación rápida, ni un «es un minuto». La mayoría de accidentes graves en altura empiezan exactamente ahí.
Lo que el permiso tiene que decir, y que hay que leer antes de firmarlo: qué instalación queda fuera de servicio y cuál no, la hora de inicio y la de fin, quién es el jefe de trabajo, y qué hacer si aparece algo no previsto. Si alguno de esos cuatro campos está en blanco, el permiso no está completo.
Anclajes, arnés y línea de vida
El punto de anclaje no es cualquier hierro
Un anclaje tiene que estar calculado para resistir la caída, no solo parecer robusto. Una barandilla, una escalera de gato sin certificar o un tubo de instalación aguantan el peso de una persona quieta y no aguantan la sacudida de una detención de caída.
Y por encima de la cabeza siempre que se pueda: cuanto más bajo esté el anclaje, más largo es el recorrido y más dura la parada.
La altura libre bajo los pies es la cuenta que casi nadie hace. Con absorbedor, la parada necesita del orden de seis metros por debajo del punto de anclaje. Si trabajas a cuatro metros del suelo con un equipo pensado para seis, el equipo funciona perfectamente y llegas al suelo igual. En corto, el retención —que impide llegar al borde— es mejor que la detención.
Descargo, bloqueo y verificación
Las cinco reglas de oro, y por qué van en ese orden
Desconectar, bloquear, verificar ausencia de tensión, poner a tierra y en cortocircuito, y señalizar la zona. El orden no es una convención: cada paso deja el siguiente en condiciones de hacerse con seguridad.
La que más se salta es la tercera. Verificar no es suponer que el interruptor que se abrió era el que alimentaba la línea: es medir en el punto de trabajo, con el equipo probado antes y después.
El bloqueo lo quita quien lo puso. Cada persona que trabaja en la instalación pone su propio candado, y hasta que no están todos retirados el enclavamiento no se abre. Es lo que impide que alguien reponga el servicio creyendo que ya ha bajado todo el mundo.