Datos personales en el mostrador
Lo que se puede decir, lo que no, y qué hacer cuando alguien pregunta por otro. Cuatro módulos cortos con práctica al hilo: el banco de preguntas no te examina, te deja equivocarte y te explica por qué.
No es solo el DNI
Un dato personal es cualquier información que permita identificar a una persona, directamente o cruzándola con otra. El nombre y el DNI son los evidentes. Pero también lo son la matrícula del coche, el número de expediente, la voz grabada en una llamada y la dirección de correo del trabajo.
La prueba práctica es sencilla: ¿con este dato puedo llegar a saber de quién hablamos? Si la respuesta es sí, aunque haga falta un paso más, es un dato personal.
La regla que resuelve el 90 %
Antes de decir nada, dos preguntas: ¿quién me lo pregunta? y ¿para qué lo necesita? Si no puedes responder a las dos con seguridad, no es momento de dar información: es momento de comprobar.
No es desconfianza. La mayoría de las fugas de datos no vienen de un ataque informático, sino de alguien que preguntó con naturalidad y a quien nadie le pidió identificarse.
Llama alguien diciendo ser el titular
Verifica con datos que solo él pueda saber, y nunca con datos que tú acabas de decirle. Si la verificación falla, ofrécele venir en persona.
Viene un familiar a recoger algo
Hace falta autorización por escrito y su documento. El parentesco no autoriza por sí solo, ni siquiera entre cónyuges.
Un compañero de otra oficina pide un expediente
Que sea de la empresa no le da acceso a todo: solo a lo que necesita para su trabajo. Si dudas, que lo pida por el canal interno, que deja rastro.
Alguien pregunta si un cliente ha pasado por aquí
Confirmar que alguien es cliente ya es dar un dato personal. La respuesta es que no podemos facilitar esa información.
Las 72 horas
Si hay una brecha de datos —un correo enviado a quien no era, una carpeta perdida, un acceso indebido— la empresa tiene 72 horas para notificarlo a la autoridad. Ese reloj empieza cuando la organización lo sabe, no cuando tú decides contarlo.
Por eso lo que se espera de ti no es que no falles nunca: es que lo digas el mismo día.